Home

Desde el balcón

Hebrón (Cisjordania).- Hebrón es una ciudad ratonera. Hay algunas avenidas repletas de banderas palestinas, otras calles pobladas de jóvenes soldados israelíes en guardia, hay descampados llenos de basura, casas nuevas para los colonos judíos, una docena de puestos de control y una calle donde los palestinos no pueden caminar. “Si me acerco a esa calle, me disparan”, advierte Ihab Abd Quinibi, un universitario de 21 años.

A Shouhada Street, los soldados israelíes la llaman Chicago Street, algo que ofende a los palestinos. “Siempre solía estar llena de vida”, recuerda Badie Dwaik, de la entidad Jóvenes contra los Asentamientos. “Estaba llena de gente, tiendas de verduras, muchísimos comercios, una gasolinera y aparcamientos”. En las últimas dos décadas, los tenderos han cerrado sus comercios, la gasolinera es una montaña de chatarra, los aparcamientos son torres de control para los soldados y la calle es un desierto.

El mapa de Hebrón, al sur de Jerusalén, es un armazón de calles convertidas en fronteras. Líneas divisorias entre los 600 judíos que se han instalado en la ciudad y los cerca de 200.000 palestinos que viven en ella. Fronteras entre las áreas palestinas (llamadas H1), las zonas palestinas bajo control militar de Israel (H2) y las colonias judías. “Es diferente de otras ciudades en Cisjordania porque los colonos no sólo están alrededor de la ciudad, también hay asentamientos en el corazón de ella”, explica Badie Dwaik.

Para el activista, Hebrón es “la ciudad con peores condiciones de vida de toda Cisjordania”. “En 2009 nos visitaron activistas sudafricanos y concluyeron que el apartheid que existe en Hebrón es mucho peor del que existió en Sudáfrica”, acusa.

En algunas zonas, el acceso de los palestinos está prohibido; en otras, los israelíes teóricamente no pueden entrar, y cada una con sus puntos de control militarizados, que pueden cerrarse en momentos de tensión. Los viernes centenares de jóvenes -casi niños- se enfrentan con piedras y cócteles molotov a los militares israelíes, cargados de armas y gases lacrimógenos que anegan la ciudad. “A nosotros ya casi no nos pican los ojos”, comenta Ihab, mientras el visitante parpadea a gran velocidad por culpa del gas. Dice que están acostumbrados.

Damià Bonmatí

 

 

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

w

Connecting to %s